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714 - El agua, la lluvia y el rayo como fuente del poder en mesoamérica y en los andes

18.07.2012 | 08:00 - 13:30

Convener 1: Mikulska Dabrowska, Katarzyna (Universidad de Varsovia, Instituto de Estudios Ibéricos e Iberoamericanos , Varsovia, Poland / Polen)
Convener 2: Jose Contel (Universidad de Toulouse, France/Frankreich)

Dentro del área temática de “Estudios Religiosos” proponemos llevar a cabo una comparación de un fenómeno similar presente tanto en Mesoamérica, como en los Andes. Invitamos a los especialistas de ambas regiones cuyo trabajo se enfoca en el tema propuesto para este simposio, con el fin de poder observar y analizar semejanzas y diferencias en discusiones plenarias.

Se trata del dominio sobre el agua y la lluvia (u otros fenómenos meteorológicos) que poseían ciertos individuos, lo cual les aseguraba alta posición en la sociedad prehispánica y colonial temprana. Al mismo tiempo, este poder con frecuencia era otorgado por la fulminación por el rayo. En este tenor, es reconocida la condición que tenía que cumplir el futuro Zapay Inqa: establecer el contacto con Hanan Pacha en forma de una visión o sueño, lo cual lograba gracias al intermediario que era Illapa, el Señor del Rayo. Aunque en el caso de Mesoamérica no se sabe de un requisito similar de forma evidente, es muy relevante la historia del Sr. 8 Viento mixteco, quien antes de tomar el poder político es tocado por el rayo y rociado con agua por el dios de la lluvia (Dzavui), al igual que la del tlatoani Nezahualcoyotl quien recibe el poder de manos de Tlalloc (López Austin 1990, Contel 2008), dios nahua de la lluvia y del rayo. Así se podría seguir con ejemplos de los mayas de Yucatán o de Chiapas, así como del área andina. Es notable que en ambas superáreas culturales hasta hoy en día los tocados por el rayo se convierten en personajes con poderes sobrenaturales, curanderos y domadores de fenómenos atmosféricos. Un poder similar, lo poseía el Zapay Inqa después de acceder al trono y considerado a partir de este momento wawqi , el hermano del rayo: podía provocar o parar la lluvia, la cual facultad además era imprescindible para la legitimización del poder. Aquella facultad de controlar el agua, provocar la lluvia, conjurar las nubes y el granizo, también la tenían los tlaciuhque , “dominadores de meteoros”, juzgados por la Inquisición en Nueva España. Por otra parte, los dioses de la lluvia y del rayo en ambas superáreas parecen ser los principales responsables del contacto entre el mundo humano y el sobrenatural, que sería otro tema por investigar. Al mismo tiempo son los que conceden o confiscan el poder no sólo a los hombres sino también a los pueblos y a los dioses –hecho evidente en el caso de Mesoamérica–. Este cambio se suele anunciar a través de oráculos o predicciones y el contacto entre humanos y no-humanos a menudo se establece en sueños, viajes al más allá, ritos o sucesos accidentales (fulminación, sumersión, entierro, encierro en una cueva…). Al mismo tiempo, las wakas andinas destacaban por esta función de predecir el futuro, al mismo tiempo estando fuertemente asociadas con la tierrra, el territorio, el mundo de abajo y la fertilidad (Szemiński 1987). “La encarnación de la tierra” era el Tlalloc azteca, que igual que otros dioses mesoamericanos de la lluvia, eran dioses autóctonos por excelencia. Uno de sus tí tulos era Tlamacazqui , el Proveedor, y era el fertilizador por excelencia en todos los sentidos de la palabra, de forma similar como Ilapa, el concededor de energía divina en los Andes

Keywords: rayo, poder, Mesoamérica, área andina, agua

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