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5838 - El problema de la representación en los museos

En sus inicios el Museo Nacional de Colombia se caracterizaba por ser no sólo un museo de historia natural sino también un depósito de reliquias y curiosidades organizadas sin ningún criterio científico, donde las piezas arqueológicas estaban distribuidas espacialmente, dando lugar a una lectura vertical y ascendente de lo que podríamos considerar una representación de la nación.

La sala uno de arqueología estaba dedicada a los primeros pobladores de Colombia, escenificando el legado amerindio, a partir de un guión condicionado por las piezas existentes y construido sobreun discurso enmarcado dentro de ciertos parámetros ideológicos que además de apoyar la exhibición de los objetos, insistía en la diversidad cultural y étnica de nuestros antepasados, en su gran versatilidad para manejar el medio circundante y sobre todo, en su destreza para fabricar un sin número de artefactos. Los cuales eran exhibidos como objetos decorativos que llenaban estanterías y vitrinas, como si se tratará de depósitos de coleccionistas.

Teniendo en cuenta que las salas de arqueología de los museos generalmente presentan una gran cantidad de piezas de cerámica, metal, piedra y textiles, olvidando la forma en que fueron encontradas y el contexto al que pertenecían, los objetos eran mostrados como curiosidades o antigüedades capaces de revelar por si solas la cultura de las personas que las crearon hace cientos de años, a partir de una secuencia dividida en el tiempo y en el espacio.

Partiendo de un espacio vacío en el Museo, de una inmensa colección de piezas arqueológicas y de un sin número de investigaciones, nos preguntamos ¿Cómo montar una sala de arqueología saliéndonos del esquema? Alejándonos de los montajes de piezas que presentan lo más para mostrar “lo menos”. Pues al igual que las piezas y los fragmentos encontrados por los arqueólogos, la historia está fragmentada y hay que armarla, rearmarla, presentarla y representarla, para que pueda ser exhibida. A partir de un trabajo interdisciplinario es necesario llegar a un consenso general de cómo presentar la información, para que el público visitante pueda generar también una apropiación y su propia versión del pasado, usando las “herramientas”, que le brinda la exhibición.

El museo se ha asumido como una representación del pasado de manera objetiva. “Pero el pasado ya no existe, y por lo tanto, no se puede imitar, repetir, recuperar tal y como fue; sólo se puede construir como una versión. La historia que cuenta el museo no es la única posible, sino una entre muchas” (Gnecco, 2001:75). Las salas de arqueología de los museos, son entonces espacios de interpretación del pasado, de construcción de significados, no son ni deben ser entendidas como espacios neutros donde se presenta o representa lo que sucedió hace cientos de años, teniendo en cuenta que constituye un discurso que ha sido presentado para estar en constate reevaluación. En un enfrentamiento activo con el público que lo mira y que exige una verdad. Por eso, más que dar una verdad, lo que debe hacer una sala de arqueología es mostrar una posibilidad sobre el pasado, que casi siempre está condicionada por el presente. Los museos constituyen los sitios ideales para “ que la investigación sea una práctica cotidiana, activa y constante, donde día a día se ponga en duda lo que sabemos, o creemos saber, sobre el pasado”.

Keywords: Representación, identidad, museo, arqueología

Author: Trimmiño, Verónica (Ninguno, Austria / Österreich)

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